Por qué hay que arreglar el mundo

Cuando enfermamos, acudimos al médico para que nos ayude a sanar. Cuando nuestro auto no funciona, lo llevamos al taller para que el mecánico nos ayude a ponerlo en marcha. ¿Y qué hacemos cuando el mundo está enfermo o funciona mal?

Hay demasiada pobreza, demasiada violencia, demasiada destrucción medioambiental. ¿Qué hacemos con el mundo?

Y todavía hay quien se resiste: “Bueno, quizás el mundo no está enfermo. Quizás funciona normalmente. Quizás no haya que hacer nada…”

Y los más entusiastas: “¡Pero si estamos mejor que nunca! ¡Pero si vivimos en el mejor de los mundos posibles y cualquier tiempo pasado fue peor!”. ¡Ah! Entonces, si estás enfermo pero el año pasado estuviste más enfermo aún, ¿no acudes al médico? Si tu automóvil falla, pero el año pasado fallaba más todavía, ¿no lo llevas al mecánico?

Si somos coherentes y responsables tenemos que reaccionar ante lo que está pasando en el mundo, independientemente de lo que pasara en siglos anteriores. Pero ¿estamos seguros de que el mundo está funcionando mal hoy? ¿No nos equivocaremos en nuestro diagnóstico? Veamos, los problemas globales (que afectan a toda la humanidad) pueden resumirse en los siguientes tres apartados:

Problemas globales del mundo:

1. Terrible desigualdad

Las 85 personas más ricas del mundo tienen la misma riqueza que la mitad de la población mundial. ¿Puedes visualizar en un platillo de la balanza a la mitad más pobre del planeta (3.500 millones de personas) y en el otro platillo menos de un centenar de las personas más ricas? ¿Te parece justa esta igualdad?

Medio mundo pesa lo mismo que las 85 personas más ricas

En un platillo de la balanza, miles de millones de personas. Y, en el otro, 85. No habría nada que objetar si esos 3.500 millones de personas tuvieran lo suficiente para vivir. Pero resulta que una cuarta parte de ellos sufre de hambre crónica, y el resto es pobre de solemnidad.

Casi la mitad de los trabajadores del mundo —más de 1.500 millones— cuenta con empleos informales o precarios. La pobreza no consiste solo en pasar hambre, sino en alimentarse mal, no tener acceso a salud, educación, vivienda y otros servicios básicos. Casi el 80 por ciento de la población mundial carece de protección social integral. La pobreza no solo supone un acortamiento de la esperanza de vida, sino un acortamiento de oportunidades y de acceso a la cultura. Terrible desigualdad, terrible injusticia.

Los pobres siempre se mueren antes de tiempo, si no de hambre, de enfermedades evitables debidas a la miseria. El hambre se lleva directamente casi medio millón de personas al año, la mayoría niños pequeños. Casi la mitad de la población mundial está en riesgo de padecer malaria, que también se lleva cada año más de medio millón de víctimas mortales, principalmente niños menores de cinco años que viven en los países pobres. Millón y medio de muertos a causa de la diarrea, otros tantos a causa de la tuberculosis. Siempre afectando mayormente a los niños pobres. La neumonía es la enfermedad que mata a más niños menores de cinco años en el mundo: más de un millón, según UNICEF.

En resumidas cuentas: cada año mueren unos 50 millones de personas en este planeta, y la mitad de las muertes son innecesarias (hambre, enfermedades evitables, contaminación, violencia…). El planeta es una fábrica de muerte. Vivimos en un sistema criminal.

2. Terrible violencia

1,6 millones de personas mueren violentamente cada año en el mundo. La mitad —800.000 personas— son suicidios, 500.000 son homicidios y 300.000 son víctimas de los diferentes conflictos bélicos. La mayoría de los conflictos bélicos no son entre Estados, sino dentro de los Estados (terrorismo, guerrillas internas…). Puede sorprender, en un primer momento, el predominio de la violencia contra uno mismo. Pero la gente feliz no se suicida ni lucha contra su propio país. Este planeta es una fábrica de infelicidad mortal.

Descubrimos que el 95% de los asesinos intencionales son hombres, y el 80% de sus víctimas también. Las víctimas masculinas están vinculadas a la delincuencia organizada y a las pandillas, mientras que las víctimas femeninas están vinculadas a la violencia machista. Casi la mitad de ellas muere a manos de sus parejas, resultando que las matan las personas que más debieran protegerlas. Mientras que los hombres mueren en la calle a manos de desconocidos, el hogar puede ser el lugar más peligroso para una mujer, pues allí mueren a manos de sus íntimos y familiares.

Las guerras y los conflictos armados “solo” causan la muerte de 300.000 personas al año, pero producen millones de desplazados y refugiados que son apartados de sus bienes y de sus medios de vida. En 2012, 45 millones de personas fueron desplazadas por la fuerza debido a conflictos o persecuciones, y más de 15 millones de ellas se convirtieron en refugiados. En 2013 aumentó 6 millones el número de desplazados/refugiados, alcanzando un total de 51 millones, siendo Siria (con 6,5 millones) y Colombia (con 5,3 millones) los países más afectados.

3. Terrible insostenibilidad

En los países más avanzados se consumen recursos como si dispusiéramos de 5 ó 7 planetas. Eso significa que estamos robando a los países pobres y a las generaciones futuras.

Desde finales de la década de los 70 la huella ecológica sobrepasa las dimensiones del planeta y no para de crecer. En la actualidad necesitamos un planeta y medio, esa es la huella ecológica mundial. Es decir, la Tierra tarda en reponer año y medio lo que nosotros consumimos en un año. A ese ritmo nos estamos cargando el planeta.

El cambio climático plantea riesgos graves para todas las personas y todos los países, pero algunos están sujetos a pérdidas más graves que otros. El fracaso a la hora de frenar el ritmo del calentamiento global podría poner en peligro la erradicación de la pobreza, porque las comunidades más pobres del mundo son las más vulnerables a la subida de las temperaturas y de los mares y a otras consecuencias del cambio climático.

Millones de desplazados y refugiados ambientales se suman ahora a los desplazados y refugiados por causa de la violencia. La insostenibilidad y la destrucción del medio ambiente debe percibirse como otro tipo de violencia: violencia contra el planeta, que a la postre es violencia contra las personas.

Estos datos nos ofrecen razones más que suficientes para justificar el deseo y el deber de hacer algo para cambiar el mundo.

La cuestión no es tanto determinar si lo que ocurre es normal o no (puesto que la enfermedad y el mal funcionamiento pueden hacerse crónicos y “normales”) como determinar si lo que ocurre es saludable, si está bien o si es mejorable y merece la pena hacer algo para cambiarlo.

Hay que hacer algo para transformar la máquina de muerte y convertirla en una fábrica de vida; es necesario posibilitar la igualdad de oportunidades para todas las personas; debemos construir un mundo más justo, donde los seres humanos podamos autorrealizarnos en paz y en libertad.


NOTA: acabas de leer el primero de una serie de 20 artículos que nos introducen en la HUMÁNICA, una institución que estudia los problemas globales de la humanidad, sus causas y sus soluciones. Te agradecemos cualquier corrección, actualización o complementación que puedas aportar a este artículo. Tu contribución beneficia a todos. Muchas gracias.

 

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