Los pobres son siervos

Los pobres son siervos

Siervos o esclavos

Desde los albores de la civilización, las aldeas sufrieron violencia constante al ser atacadas por bandidos o guerreros. Algunos señores de la guerra ofrecían protección con sus ejércitos a los aldeanos a cambio de buena parte de lo que éstos producían. Se establecieron así unas relaciones entre señores y siervos que podemos considerar feudales, en las que la nobleza se apodera de la tierra y los aldeanos tienen que servir a los nobles a cambio de protección.

Estas relaciones feudales son propias de aquellas sociedades que no han llegado a formar un Estado fuerte, o de aquellos Estados que han entrado en un período de descomposición. Los Estados fuertes imponen al pueblo un sistema racional de tributos permanentes y perfectamente adaptados a los bienes producidos, que son controlados por una omnipresente burocracia estatal. Mediante dicho sistema de recaudación, tales Estados poderosos pueden costearse sus propios ejércitos y sus guerras. Lo positivo de todo esto para la gente es que al hacerse el Estado con el monopolio de la violencia, mantiene una cierta paz interna en sus territorios.

En cambio, cuando el poder se fragmenta y no hay un Estado fuerte, las diversas partes o feudos combaten entre sí y el promedio de la violencia interna  aumenta. Como no hay un sistema racional de recaudación, la única forma de costear las guerras es mediante el surgimiento de vínculos afectivos y relaciones de vasallaje. Se desarrolla una cultura o mentalidad guerrera caracterizada por el liderazgo basado en la victoria sobre el enemigo (la gloria en el combate), lealtad al líder y al propio grupo, hostilidad hacia los grupos enemigos, castigo de la cobardía y de las actitudes pacifistas que contradicen la mentalidad guerrera, etc. En estas sociedades guerreras, los siervos —el pueblo llano— se encuentran bajo la protección de un noble, un señor de la guerra.

Por lo tanto, en los reinos o imperios bien organizados políticamente, los pobres son esclavos (pues el comercio está protegido por el Estado, y los esclavos son el artículo principal en cualquier mercado). Y en los reinos o imperios mal organizados políticamente, los pobres son siervos de los señores de la guerra. Los siervos tienen la obligación de producir para sostener a sus señores.

De una forma o de otra, quienes controlaban los ejércitos controlaban la política y la economía (militarismo). Esto fue así desde los inicios del excedente en los albores de la civilización hasta el siglo XX, en que la economía tomó el relevo y empezó a controlar los ejércitos y la política (economicismo). Muy raramente y muy puntualmente a lo largo de Historia la política ha controlado los ejércitos y la economía (politicismo), pero es a esto último a lo que debemos aspirar: lo que debe decidir cómo se organiza una sociedad no ha de ser la violencia ni las riquezas, sino los acuerdos y las negociaciones.

Siervos en Europa

Tras  la descomposición del Imperio romano, Europa adoptó un sistema de producción mediante siervos. Durante muchos siglos, los diferentes feudos compitieron entre sí sin que ninguno de ellos se impusiera sobre los demás, dando lugar a una cultura de mentalidad guerrera y a un proceso continuo de superación militar, que condujo a la formación de los Estados modernos y a la colonización del planeta, que se convirtió en un mercado global,  en una cultura global controlada por la economía. En ningún otro lugar del globo el feudalismo (ni ningún otro militarismo) condujo hacia un mundo de revoluciones y maravillas en los Estados, en los ejércitos, en la industria, en la política, en la economía, en la ciencia, en la tecnología… Y gracias a eso, los pobres del mundo dejaron de ser siervos y esclavos y se convirtieron en obreros, empleados y ciudadanos.

Valoremos cómo afectó el feudalismo a la sostenibilidad, la violencia y la igualdad, y luego tratemos de comprender por qué fue Europa la que protagonizó el gran cambio social que construyó el mundo actual.

Sostenibilidad

La descomposición de los imperios y de las ciudades supone siempre un aumento de la sostenibilidad del planeta, pues disminuye la cantidad de recursos consumidos por la población.

No obstante, la salud y la calidad de la vida humana también disminuyen con respecto a la que existe en las grandes urbes e imperios, mejor organizados en cuanto a servicios básicos.

Violencia

El feudalismo implica un aumento de la violencia. Es un regreso a la época preestatal, que decíamos que era la más violenta de la historia. Incluso cuando hay reyes o emperadores, éstos son incapaces de mantener el poder centralizado. Los territorios están fragmentados en numerosas unidades llamadas feudos, que gozan de gran independencia y que guerrean constantemente entre sí.

Más tarde, al final de la Edad Media y principio de la Edad Moderna, los reyes controlan a la nobleza guerrera y surgen los modernos estados europeos con monarquías absolutas. Pero como ninguna de ellas es capaz de conquistar a las demás y unificar Europa, continúan compitiendo y guerreando entre sí, solo que ahora establecen un sistema de tributos permanente para costear sus guerras y sus ejércitos.

Igualdad

La desigualdad social alcanza su pico más álgido. La sociedad se estratifica en tres clases o estamentos: el clero, la nobleza y la plebe. La nobleza son los señores de la guerra, que tienen el poder militar y, por ende, son dueños de la tierra. La plebe es el pueblo, campesinos en su mayor parte, siervos que trabajan para los nobles a cambio de su protección. El alto clero es como una nobleza religiosa, que a menudo se alía con la otra, cuando no compite y guerrea también en pos del poder. Este “Antiguo Régimen” prevalece hasta la Revolución Francesa, a las puertas del siglo XIX, e incluso más allá.

Durante la mayor parte de la Edad Media, antes de que se formaran los Estados modernos, existía cierta movilidad social y se podía pasar de un estamento a otro. Los siervos podían dejar de ser siervos, aunque no era la norma. Un campesino inteligente podía ascender por el clero, un guerrero valeroso podía ascender por la nobleza… Cuando los Estados modernos institucionalizan el sistema estamental o “Antiguo Régimen“, las gentes quedan adscritas por nacimiento a su lugar correspondiente en la escala social, y se torna casi imposible ascender por ella. Disminuye la movilidad social durante toda la Edad Moderna en Europa.

El ascenso de Europa

Cuando los feudos europeos guerreaban entre sí había hambre, enfermedades y miseria, pero en otras partes del mundo existían imperios y naciones verdaderamente avanzadas y con un gran poderío militar: China, Japón, India, Rusia y el imperio otomano. Sin embargo, serían los miserables pueblos europeos quienes iniciarían una desenfrenada carrera de innovación militar en la que pronto dejarían atrás al resto del planeta.

A lo largo de la historia ha ocurrido que una tecnología militar ha dado a una sociedad guerrera la primacía sobre las demás, al menos por un tiempo, hasta que el resto de las sociedades guerreras ha podido copiar y adoptar dicha tecnología militar. Fue el caso de la incorporación bélica del caballo y de los carros de combate, o de las armas de bronce y de hierro, o de la adopción de falanges macedonias y legiones romanas.

De forma similar, los países europeos desarrollaron una tecnología militar basada en la pólvora, y aunque ellos no habían inventado dicha tecnología, su desarrollo y perfeccionamiento constante les permitió conquistar el mundo y unificarlo culturalmente. Así como los griegos habían “helenizado” el mundo conquistado por Alejandro Magno, los europeos “occidentalizaron” el planeta que previamente habían circunnavegado y colonizado. Se acrecentó la confianza en las proezas humanas, desaparecieron los límites de lo que el ser humano podía conocer, conseguir y dominar, y Europa extendió al resto del mundo esta mentalidad humanista y capitalista, basada en el progreso científico y tecnológico.

La tecnología militar que permitió a Europa conseguir esto fue la aplicación de la pólvora a las diferentes armas, barcos y artefactos militares. El desarrollo de dicha tecnología fue una tarea de varios siglos, y de hecho ocurrió entre 1.300 y 1.900. Para que este desarrollo tuviera lugar de forma continuada y sostenida, se requería que varias naciones próximas entre sí y muy igualadas tecnológica y financieramente, compitieran por la supremacía como en una especie de torneo u olimpiada, sin que ninguna de ellas consiguiera abatir definitivamente a las demás, de manera que continuaran compitiendo y progresando indefinidamente. Esto solo ocurrió en Europa.

Otras naciones, o carecían de iguales con los que competir, o carecían de dinero para mantener un elevado nivel de competición. Los grandes imperios como China carecían de iguales con los que competir. Si en algún momento estuvieron fragmentados y compitiendo entre sí, uno de los fragmentos alcanzó la victoria y reunificó el imperio. Y cuando había pueblos muy guerreros e iguales que competían entre sí, y que nunca se unificaban, como en el caso de la India, lo que sucedió es que tampoco llegaron a formar Estados modernos capaces de establecer sistemas avanzados de recaudación de impuestos, necesarios para poder financiar el desarrollo y la innovación constante y sostenida de la tecnología militar.

¿Y qué sucedió en Europa? Los pueblos europeos siempre buscaron la unificación pero nunca la consiguieron. Nunca perdieron de vista el modelo del Imperio Romano, al que aspiraban a reconstruir. Carlomagno fue el que más se acercó a este ideal, y llegó a crear el Sacro Imperio Romano, pero a su muerte el imperio ya se había desmoronado, y el título de Emperador del Sacro Imperio Romano era puramente simbólico. Siempre que en Europa un pueblo adquiría demasiado poder, los demás se aliaban contra él. La propia Iglesia Católica, verdadera heredera de Roma, cumplía esta función desintegradora y equilibradora de los pueblos europeos. El Papa actuaba como el planeta Júpiter, que con su masa impide que se forme un planeta en la zona de los asteroides. Pues la Iglesia no podía permitir que se formase un poder demasiado grande que la anulase.

Con el tiempo, al final de la Edad Media, surgieron dos peligros que pusieron en jaque al sistema de los señores feudales: el ascenso de la burguesía y las revueltas campesinas (a menudo “teledirigidas” por los nobles descontentos). Como reacción defensiva, se instauraron las monarquías absolutas que institucionalizaron el sistema estamental basado en el predominio de la nobleza, y se establecieron Estados modernos con avanzados sistemas de recaudación, por lo que ahora las diferentes naciones podían seguir guerreando y compitiendo entre sí por la primacía, como antes, pero a una escala mayor e invirtiendo grandes cantidades de dinero en el avance de la tecnológica militar. Cualquier invento o progreso que conseguía una nación en una guerra era copiado por las demás en la siguiente guerra, dada la proximidad existente entre todos los pueblos europeos. De manera que la igualdad tecnológica y financiera se mantenía, y el torneo continuaba.

Los chinos inventaron la pólvora en el siglo IX, y en los siglos posteriores la usaron para pelear con los mongoles. Cuando éstos invadieron Europa en 1.241 (batalla de Mohi) ya usaron fusiles y granadas. La pólvora revolucionó la guerra, pues se pasó de disparar flechas a disparar rifles, cañones y granadas. La pólvora pasó de China a Oriente Medio y estuvo disponible en Europa a través de la Ruta de la seda en el siglo XIII. A mediados de ese siglo ya se empezaba a fabricar en la propia Europa, y jugó un papel esencial en la Guerra de los Cien Años entre Francia e Inglaterra, y en la toma de Constantinopla por los turcos.

La guerra siempre ha sido un factor importante en la evolución histórica. Fue Europa la que hacia el siglo XVII  estuvo lista para liderar ya sin ningún género de duda a nivel mundial el progreso tecnológico basado en la pólvora. Durante algunos siglos, los grandes imperios (China, Rusia, Islam) habían mantenido cierta ventaja, pero ellos no tenían competidores de su misma talla con los que medirse y acelerar el progreso, por lo que pronto quedaron rezagados. Otras culturas guerreras permanecieron fragmentadas y luchando de manera crónica, pero sin progresar, porque no consiguieron armar sistemas efectivos de recaudación que les permitiera invertir en tecnología. Pero Europa sí lo consiguió, porque la nobleza comenzó a sufrir la amenaza de las revueltas campesinas y del ascenso de la burguesía, que enriqueciéndose mediante el comercio, comenzaba a competir por los mismos privilegios de la nobleza. Para defenderse contra estas dos amenazas, la nobleza permitió el surgimiento de las monarquías absolutas y los Estados modernos, los cuales sistematizaron y legitimaron el sistema estamental basado en el predominio de los nobles. Así se pudo crear un sistema de recaudación efectivo y obtener recursos financieros abundantes y crecientes para invertir en el torneo del desarrollo tecnológico militar. Esto solo ocurrió en Europa, y así Europa pudo conquistar el mundo.

Los primeros Estados europeos que con esta superioridad tecnológica comenzaron a conquistar el mundo fueron Portugal y España, pero sus sistemas recaudatorios pronto se quedaron desfasados por los de aquellos Estados en los que la burguesía jugó un papel más preponderante. Estos países fueron Holanda y luego Inglaterra. Así pues, la nobleza fue poco a poco sustituida por la mucho más eficiente burguesía, que finalmente impondría el economicismo global. La mentalidad burguesa impulsó el humanismo, el capitalismo, la ciencia y la tecnología, y elevó el Imperio, sustentado en estas cuatro columnas, hacia su máximo explendor. Nadie podía poner en entredicho la superioridad de la cultura europea y su derecho a dominar el mundo.

Los mismos barcos emprendían viajes de exploración científica y de conquista militar, llevando la civilización hasta los últimos rincones del planeta. Se colonizaban nuevos territorios y nuevos mercados en nombre de la fe, la gloria, el capital y la ciencia. Se luchaba, se estudiaban plantas y animales, se comerciaba… y así llegamos hasta la Edad de la Razón y la Revolución Francesa, cuando la burguesía acabó formalmente con el Antiguo Régimen. La nobleza quedó obsoleta y fue sustituida por la floreciente burguesía capitalista. Había llegado el tiempo de la libertad, la igualdad y la fraternidad… pero eso es otra historia y será contada a continuación.


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