La estructura social

Qué son las estructuras

Antiguamente se pensaba que cada cosa existía y era lo que era gracias a su esencia. Las esencias habitaban en la mente de Dios o en el mundo de las Ideas, fuera del tiempo y el espacio, y eran como el Proyecto o Plan Maestro que permitía materializar o traer a la existencia tantas copias como se quisiera de los diversos objetos, cada uno de ellos con sus propiedades y comportamientos básicos, definidos por su esencia. La esencia era como el alma de las cosas.

Hoy sabemos que las propiedades y comportamientos de las cosas no son fijos, que pueden variar a lo largo del tiempo, y que vienen dados por sus componentes, y por cómo éstos se relacionan entre sí. Estas relaciones pueden variar, y hasta los componentes mismos pueden variar. Pero no todo está perdido: existen regularidades. Las variaciones de los componentes y de sus relaciones siguen patrones ordenados y estables que llamamos estructuras, y es el conocimiento de estas estructuras lo que nos permite aproximarnos al conocimiento de lo que las cosas son.

Unas cosas pueden transformarse en otras. No hay ninguna esencia, ningún alma que obligue a las cosas a permanecer. De hecho, la verdad más universal es que todo es impermanente. Todo nace y muere, todo cambia. Los metales se oxidan y corroen. Las células envejecen y se asfixian. Las fuerzas orogénicas producen montañas que otras fuerzas transforman en llanuras. La gravedad comprime las nebulosas y enciende estrellas que más tarde se apagan. El momento exacto en que algo empieza a ser (o a dejar de ser) una montaña, una estrella, una persona o una sociedad humana… es un convencionalismo.

Existen más bien diversos procesos (secuencias de conductas o relaciones entre los componentes) que van creando estructuras (armazón de procesos). Las estructuras no son fijas y definitivas, sino que van evolucionando, ya que los procesos pueden actualizarse de forma creativa e innovadora, dando lugar a la aparición de nuevos procesos y estructuras cada vez más complejas.

Las cosas no son: se hacen. Y, por lo tanto, se explican mejor en función de estructuras que de esencias. Ambos conceptos se refieren a los aspectos más básicos y estables de una determinada parcela de la realidad. A diferencia de las esencias, las estructuras pueden variar a lo largo del tiempo, pues no vienen dadas, no están predefinidas, sino que se derivan de las relaciones que se establecen entre los componentes. Estas relaciones o interacciones entre los elementos se van ordenando de una forma estable y regular, creando patrones de comportamiento cada vez más complejos: procesos y estructuras.

También se puede hablar de sistemas en vez de estructuras. Son la misma cosa. Un sistema se compone de subsistemas (componentes o partes) que se relacionan entre sí. La naturaleza de esa relación determina la naturaleza de la estructura tanto o más que los componentes mismos. Es decir, los mismos componentes, si se relacionan de una manera dan lugar a una estructura (o sistema) y si se relacionan de otra, dan lugar a otra estructura (o sistema) diferente. La química nos ofrece muchos ejemplos, cuando vemos que los mismos elementos, enlazados de una manera dan lugar a un compuesto, y enlazados de otra dan lugar a un compuesto distinto.

Propiedades y conductas emergentes

Ejemplo de estructuras pueden ser los átomos, formados por unos componentes —las partículas subatómicas— que interaccionan, o se relacionan entre sí, de acuerdo a las propiedades y comportamientos que les son inherentes —las cuatro interacciones fundamentales de la física.

Nótese que los componentes de las estructuras atómicas —las partículas— pueden percibirse también como estructuras más simples, que a su vez poseen sus propios componentes y relaciones. Igualmente, los átomos pueden relacionarse entre sí y componer estructuras más complejas, por ejemplo las diversas moléculas o sustancias. Decimos que una estructura es más simple cuando descendemos de escala, y más compleja cuando subimos de escala. Simplicidad o complejidad son términos relativos que nos sirven para comparar una estructura con otra, en función de su posición en la escala: si A forma parte de B, A es más simple y B es más complejo. De esta manera, siempre vamos a considerar más simple al componente, y más complejo al todo, pero el todo puede convertirse a su vez en un componente simple de un todo más complejo. Los términos son relativos.

Las relaciones entre estructuras pueden dar lugar a un nuevo nivel (una nueva subida de escala), es decir, un todo que emerge de esas estructuras, y ese todo es una nueva estructura, un nuevo sistema, una nueva entidad con sus nuevas propiedades y comportamientos emergentes (surgen de las propiedades y comportamientos de los componentes, pero poseen entidad propia, son diferentes). Por ejemplo, la molécula de agua está compuesta por dos átomos de hidrógeno y uno de oxígeno. Sin embargo, cuando estos componentes se relacionan, dan lugar a una cosa distinta. El agua no se parece en nada al hidrógeno ni al oxígeno. Las propiedades y la conducta del agua difieren enormemente de las propiedades y de la conducta de sus elementos constituyentes. La relación de esos componentes ha dado lugar a una nueva estructura, con nuevas propiedades y conducta.

Las propiedades y comportamientos de las cosas se pueden explicar por sus componentes y por cómo se relacionan estos componentes entre sí. Pero esas propiedades y comportamientos son distintos a las propiedades y comportamientos de los componentes. Digamos que los componentes poseen su propia estructura, y al relacionarse crean una estructura de escala mayor o más compleja, con su propia conducta. Y así sucesivamente. De hecho, las moléculas, que no están vivas, pueden dar lugar a células que sí lo están, y éstas a organismos pluricelulares, y éstos a sociedades.

Estructura social

La estructura social posee propiedades y comportamientos diferentes a las propiedades y comportamientos de las personas. Cuando las personas se relacionan para dar lugar a sociedades, se originan ciertos procesos y estructuras emergentes que determinan con mucha mayor precisión que las propias personas la conducta o comportamiento de dichas sociedades. Básicamente, la interacción de las personas (motivada en gran parte por los modos de producción y de reproducción) da lugar a una estructura comunicativa, que a su vez origina una estructura posicional, que finalmente origina la estructura normativa (que incluye las instituciones y su producto, la cultura o conducta normalizada). Estas tres estructuras interaccionan entre sí formando la estructura social.

La estructura social es un conjunto de posiciones (huecos o nichos) que ya están ahí cuando nacemos. Estas posiciones son las diferentes funciones que la sociedad necesita o permite de acuerdo a como ella está organizada. La estructura de una sociedad nos dice cuántos médicos, cuántos maestros, cuantos políticos, cuantos ricos, cuantos pobres, cuantos empleados, cuántos desempleados, y también cuántos corruptos, ladrones, asesinos y mafiosos esa sociedad necesita, permite o tolera. Los huecos o nichos están ahí, y mientras ellos existan, siempre acabarán siendo ocupados. Personas honestas no ocuparán nichos para mafiosos, pero si esas posiciones existen en la estructura social, no faltarán personas deshonestas que los ocupen y los perpetúen.

En conjunto, todos esos huecos o posiciones de la estructura social determinan si en esa sociedad hay capitalismo o no, si hay patriarcado o no, si hay sociedad de clases o no, y cuánta desigualdad, injusticia social, violencia y muerte innecesaria habrá, mas o menos.

Estructura social

La estructura social es análoga a la estructura de los nichos ecológicos. Los animales y plantas no deciden o determinan esta estructura. La estructura les viene dada por el ecosistema. Si una montaña solo puede sostener equis lobos y zeta ciervos, pues esas son las posiciones que se van a ocupar. Los animales pueden competir entre sí por ocupar esas posiciones, pero una vez ocupadas, el resto morirán o se trasladarán a otra montaña donde haya huecos libres.

Las personas tampoco determinan las posiciones de la estructura social.  Ni siquiera la generación actual. Parte de la estructura social puede tener cientos o miles de años, y en todo caso, es fruto de la evolución de muchas generaciones. La estructura social ya está ahí. Los huecos ya están ahí. Cada posición va asociada  a una función, y también a un valor de estatusclase y poder. Las personas no pueden modificar estas funciones o valores. Les vienen dados, y solo pueden competir por ocupar una de estas posiciones. Las personas pueden resistirse a ocupar las posiciones, si lo desean, pero eso no le preocupa en absoluto a la estructura social, ya que siempre habrá personas de sobra que ocupen las posiciones, y de esta manera, la estructura se perpetuará. Quizás a ti te repugne ocupar ese puesto, para el que se necesita carecer de escrúpulos, pero no te preocupes, que algún otro lo ocupará. No se quedan vacíos por mucho tiempo los nichos sociales, como tampoco se quedan vacíos los nichos ecológicos.

La estructura social es independiente de las personas. Depende de las posiciones. Las personas somos aparentemente “libres” para optar por una de estas posiciones o rechazarlas todas. Y decimos aparentemente porque la estructura social incluye el sistema educativo, cuya función principal es convertirnos en operadores del sistema (para que ocupemos las diversas posiciones de una forma competente), y porque la supervivencia al margen del sistema (fuera de las posiciones establecidas) no es fácil. Esto garantiza que las posiciones sean ocupadas y la estructura social se perpetúe.

Las personas tendemos a creer que somos totalmente responsables de las posiciones que ocupamos y de las funciones que ejercemos en la sociedad (algunas de ellas muy dramáticas: desempleado, prostituta, asesino, narcotraficante, político corrupto…). Pensamos que la sociedad es mala porque nosotros somos malos, que la sociedad está enferma porque los seres humanos estamos enfermos, que la sociedad funciona mal porque las personas funcionamos mal. Que todo se arreglaría si la gente fuese buena y honesta. Que gente buena y honesta podría hacer funcionar correctamente la sociedad, modificar las estructuras sociales de forma automática. Tendemos a creer que las personas hacemos las estructuras sociales y no las estructuras sociales a las personas.

Somos responsables solo en parte, pero esa parte no es esencial para explicar el funcionamiento y la evolución de una sociedad. Y lo que estamos dilucidando ahora es cómo cambiar el mundo, la sociedad; no cómo crear superpersonas, educándolas para que resistan continuamente las tentaciones que la sociedad ofrece. Labor encomiable, pero mientras no cambiemos la estructura social, mientras la sociedad siga demandando determinadas posiciones o funciones, mientras siga ofertando determinados huecos o nichos en el ecosistema social, siempre habrá personas que acabarán ocupándolos. Perseguir a todas y cada una de estas personas para educarlas y que renuncien a ocupar estos huecos, de manera que los huecos permanezcan indefinidamente vacíos, es una tarea tan inútil como intentar vaciar el mar.

Por mucha gente que eduquemos, la sociedad seguirá funcionando mal y estando enferma. Seguirá muriendo gente y habiendo injusticia y desigualdad. Por eso, la solución —cuando queremos cambiar el mundo y mejorar la sociedad en su conjunto— no está en salvar uno a uno a cada individuo para que evite ocupar los puestos perjudiciales que la sociedad permite o demanda. Lo conveniente sería cambiar la estructura social para que tales posiciones indeseables no existieran y para que la sociedad estuviera mejor organizada, con un conjunto completamente distinto de posiciones y relaciones entre ellas, que no permitiera la injusticia y la desigualdad.

Cambiar la estructura social

Decir que la sociedad es un conjunto de personas y que cambiando a esas personas cambiamos el mundo, no tiene sentido. El mundo es algo más que la suma de personas. Es la forma en que se relacionan esas personas (principalmente por la forma en que producen y se reproducen) creando unos patrones de conducta emergente: la estructura social. La estructura social adquiere una potencia y una inercia que determina, a su vez, la conducta de las personas. La estructura social no es fija: si la forma de producir y de reproducirse cambia, evidentemente todas las posiciones van a removerse y la estructura social va  a reconfigurarse.

La estructura social es una cosa distinta y más compleja que la estructura personal. Es un salto a un nuevo nivel, es un nuevo paso hacia arriba en la escala organizativa. Ninguna cosa se limita a ser el conjunto de sus componentes. El todo siempre es más que la suma de sus partes, porque incluye no solo a los componentes, sino a las relaciones que se establecen entre ellos y que dan lugar a propiedades y conductas emergentes.

Por eso tampoco podemos decir que la persona es un conjunto de células, y que si las células están sanas, la persona se mantendrá sana. La interacción de los componentes (células) ha creado una conducta emergente (principalmente la vida mental). La mente puede hacer que la persona enferme aunque sus células estén sanas. Si una persona piensa que no necesita cuidarse, comer bien, hacer ejercicio, dejar de fumar, evitar riesgos y accidentes, etc, muy pronto puede estar enferma o muerta, aunque sus células estén sanas. Si queremos influir en la mayor medida posible sobre la salud de la persona, tenemos que dirigirnos directamente a la estructura de la persona (la mente) y no a la estructura de sus componentes (las células).

De la misma forma, si queremos cambiar la sociedad, tenemos que dirigir nuestra atención a la estructura social, no a la estructura de sus componentes (las personas).

Cambiar la sociedad es cambiar la estructura social, y la estructura social no la determinan espontáneamente las personas. Nacemos en una sociedad que ya posee una estructura social, fruto de muchas generaciones e interacciones de las personas entre sí y con su entorno. Todo ese trabajo ha ido elaborando unos patrones de comportamiento mas o menos estables, una estructura social que se apodera de nosotros en cuanto nacemos, y por más que tomemos consciencia de ello, no por eso vamos a cambiarla, porque la estructura social no se cambia a nivel de las personas, sino que tiene su propio mecanismo que rige su evolución, y que las personas tendrán que estudiar si quieren influir sobre él.

La simple consciencia no es suficiente. Hemos nacido en la Tierra, y porque tomemos consciencia de eso, no vamos a teletransportarnos a un planeta diferente. La estructura social y cultural que nos envuelve es mucho más poderosa que la voluntad humana, y mucho más poderosa que los barrotes de una prisión. Si queremos que los barrotes se doblen y las puertas se abran, tenemos que empezar por tomar consciencia de que nos encontramos en una prisión social y cultural. Tenemos que familiarizarnos con esta estructura social y cultural, y sobre todo, no pensar que es un espejismo creado por nuestra mente, o que nuestra mente nos puede liberar de ella con tan solo proponérselo. Eso es tan ridículo como pensar que podemos arreglar un coche con tan solo cambiar nuestro estado mental y sin necesidad de hurgar en él y cambiar las piezas defectuosas.

No es mediante el control mental o mediante la educación personal que lograremos derribar los muros de esta prisión. Por mucho control mental o educación que yo pueda adquirir, no puedo impedir que la gente se siga matando o muriendo de hambre, porque eso depende de la estructura de la sociedad, no de la estructura de las personas. No son mis propias estructuras personales lo que tengo que cambiar, sino la estructura de la sociedad. Un salto cualitativo separa la vida personal y la vida social.

Si, yo puedo cambiar mis estructuras, y de ese modo consigo no ser yo el asesino (por ejemplo), pero no evito que otro lo sea. ¿El camino es conseguir que todo el mundo se eduque y haga como yo, y así no habrá asesinos? Es ingenuo pensar que si en una sociedad hay huecos para los asesinos, corruptos y explotadores, todo el mundo vaya a alcanzar un nivel superior que mantenga esos nichos vacíos. Mejor cambiemos la estructura social de modo que las posiciones indeseables no tengan cabida en ella.


NOTA: acabas de leer el cuarto de una serie de 20 artículos que nos introducen en la HUMÁNICA, una institución que estudia los problemas globales de la humanidad, sus causas y sus soluciones. Te agradecemos cualquier corrección, actualización o complementación que puedas aportar a este artículo. Tu contribución beneficia a todos. Muchas gracias.

 

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