saco2

Cambiarse a sí mismo ¿es requisito imprescindible para cambiar el mundo?

La mayoría de las personas estarían de acuerdo en que, efectivamente, para cambiar el mundo, primero hay que cambiarse a sí mismo.

El razonamiento es el siguiente: «Yo no puedo cambiar el mundo, pero sí me puedo cambiar a mí mismo o a mí misma. Y cuando todo el mundo hiciera eso, el mundo habría cambiado, porque el mundo es la suma de todos nosotros.»

También se dice: «Si no me puedo cambiar a mí mismo, que es más fácil, ¿cómo voy a poder cambiar el mundo, que es más difícil?»

O: «Si cambio el mundo, pero no me cambio a mí mismo, ¿de qué me sirve? Para mi es más importante cambiarme a mí mismo, aunque no cambie el mundo.»

Podría decirse que estas afirmaciones forman parte de la norma social, es decir, de la sabiduría popular, de las creencias normales de la gente en la mayoría de las culturas. No hay mas que navegar por internet para leerlas y visualizarlas.

Este razonamiento, sin embargo, tiene dos fallos. Primero: el mundo es algo más que la suma de sus habitantes. Segundo: el mundo construye la norma (la conducta normal de la mayoría de las personas) por lo que es imposible que la mayoría de las personas se cambien en contra de esa norma.

Cambiarse a sí mismo y mejorar como persona es bueno y necesario, pero el mundo posee sus propios mecanismos de funcionamiento, sobre los que hay que actuar si queremos cambiarlo. Cambiarse a sí mismo es posible e importante, pero no sirve para cambiar el mundo.

Cambiarse a sí mismo ¿ayuda a cambiar el mundo?

Los educadores —como la mayoría de nosotros— hablan a las personas, apelan a la voluntad y a la consciencia de las gentes. Sin embargo, el mundo no funciona de acuerdo a un plan intencional y consciente. Si quisiéramos cambiar el capitalismo, el patriarcado o la sociedad de clases, no podríamos hacerlo valiéndonos tan solo de nuestra voluntad. Estamos atrapados dentro de unas estructuras sociales que nos imponen el capitalismo, el patriarcado y la sociedad de clases, y aunque nos liberemos mentalmente de estos conceptos, aún así no podemos escapar de ellos en la práctica, porque para eso tendríamos que cambiar las estructuras y organizar la sociedad de otra manera muy distinta.

Cuando hubiésemos cambiado las estructuras, solo entonces sucedería que nuestros hijos y las generaciones venideras nacerían en un mundo libre de capitalismo, patriarcado o clasismo. No es una tarea de sensibilización personal, es una tarea de cambio de estructuras sociales. De la misma manera que el mecánico en el taller no arregla nuestro coche poniéndose a meditar o sensibilizándose con la avería, sino que tiene que hurgar en el coche y cambiar las piezas defectuosas por otras que estén en buen estado.

Ahora bien, ¿cómo se cambian las estructuras capitalistas, patriarcales y clasistas? ¿Acaso no lo tienen que hacer las personas? ¿Y no tendrán las personas que aprender cómo se hace, algo así como aprender el oficio de mecánico del mundo o cambiador de estructuras? Paolo Freire dijo: «La educación no cambia el mundo, pero cambia a las personas que cambian el mundo».

la mayoría de las cosas que existen en el universo, no poseen voluntad consciente, pero poseen sus propios mecanismos de funcionamiento, sobre los que podemos actuar para cambiarlas.

Podrá decirse que si las personas queremos cambiar el mundo (o cualquier otra cosa), tendremos que hacerlo con nuestra voluntad y con nuestra consciencia personal. Eso es cierto, de la misma manera que para arreglar un coche, tenemos que querer y saber. Pero con eso no basta. Tenemos que urgar en el coche y cambiar las piezas defectuosas del coche. No lo arreglaremos simplemente mejorándonos a nosotros mismos como persona. Con la sociedad pasa exactamente igual que con el coche. Para arreglar la sociedad tenemos que actuar sobre las estructuras de la sociedad, no sobre las estructuras de las personas.

La frase «si cambias tú, cambia el mundo» es similar a esta otra: «Cuando muere una persona es como si muriese el universo entero». Desde el punto de vista de una persona particular, si ella cambia, todo cambia, si ella vive, todo vive, y si ella muere, todo muere. Si salvas a uno es como si salvases a todos, o si uno muere, es como si muriera todo el universo.

Pero la verdad es que, porque uno cambie, viva o muera, el resto no lo hace. El resto sigue igual.

Aceptando esto, aún podríamos decir: «Cierto, si cambia una sola persona, eso no es significativo socialmente. Pero si cambia una, y otra, y otra… y así hasta que cambie la mayoría de las personas, eso sí sería significativo socialmente. Cada uno solo tiene que hacer su trabajo, su parte, que es cambiarse a sí mismo, y el mundo habrá cambiado.

Esto supone que el todo es únicamente la suma de sus partes, y no es cierto. Para comprenderlo, imaginemos que las células tienen consciencia y voluntad, y las adoctrinamos de la siguiente manera: «si cada una de vosotras os mantenéis sanas, el cuerpo se mantendrá sano. El cuerpo no es mas que un conjunto de cien billones de células. Cumplid vuestra parte, funcionad de maravilla, y el cuerpo funcionará de maravilla.»

Al pensar así, ignoramos que las células, relacionándose entre sí, formaron nuevas estructuras llamadas tejidos; y los tejidos, relacionándose entre si, crearon otras estructuras llamadas órganos; y los órganos dieron lugar a estructuras llamadas sistemas y aparatos; los cuales conformaron el cuerpo u organismo. La salud del organismo depende de todas y cada una de esas estructuras, y no solo de las células.

Es decir, las cosas, al interaccionar, producen cosas nuevas, con nuevas propiedades y comportamientos. Un ejemplo: los átomos de hidrógeno y los átomos de oxígeno, al relacionarse de cierta manera, forman moléculas de agua. El agua es líquida y se comporta de modo diferente al hidrógeno y al oxígeno, que son gases. El agua es una estructura emergente, completamente diferente a la estructura de sus componentes.

Todo funciona de esa manera. Existen cosas, con ciertas conductas y propiedades, que al interactuar entre sí, dan lugar a otras cosas, con nuevas conductas y propiedades que emergen de la interacción de las cosas anteriores que las componen. Las partículas atómicas dan lugar a los átomos, los átomos a las moléculas, las moléculas a los orgánulos y los orgánulos a las células… Cada cosa emerge de la interacción de sus componentes, y forma una nueva estructura, con su propio comportamiento y leyes que lo rigen.

Hubo un tiempo en que se pensaba que había una esencia inmaterial (una especie de planos espirituales) que determinaba de una forma fija lo que cada cosa era. Esa esencia se sustanciaba de alguna manera en el tiempo y el espacio, adquiríendo unas propiedades específicas. Hoy la ciencia encuentra más útil hablar de estructuras o sistemas, cuya conducta viene determinada por las interaccciones, relaciones y procesos que tienen lugar entre las diversas partes componentes.

Es decir, las cosas de nuestro universo son, en realidad, estructuras. Una estructura es lo mismo que un sistema. Sus propiedades y su conducta deriva de la inteacción estre sus partes componentes. Una estructura o sistema, como por ejemplo el cuerpo humano, depende de sus componentes, por ejemplo los órganos o las células, que son a su vez estructuras o sistemas. Un cuerpo no puede existir sin células y sin órganos. Pero la conducta del cuerpo ya no está únicamente determinada por la conducta de las células o de los órganos.

El individuo, la persona, tiene ahora su propio nivel estructural, con su propia conducta emergente, propia de ese nivel. Que no deriva de la suma de la conducta de sus partes, sino de propiedades nuevas, emergentes, surgidas de la interacción entre esas partes. Por ejemplo, de la interacción entre el cerebro, el sistema nervioso y el sistema endocrino surge la personalidad humana, los hábitos, los estados de ánimo. Todo eso puede conducir a una persona a fumar, a no hacer ejercicio, a no cuidar su salud y a exponerse a accidentes o infecciones, de tal manera que enferme, independientemente de que todas las células y órganos estén sanos. La conducta de su propio nivel de organización tiene su propio poder y control sobre la estructura o sistema.

Las personas interaccionan y forman nuevas estructuras: grupos, organizaciones, instituciones, comunidades y sociedades. Cada una con sus propiedades emergentes.

Para cambiar el mundo, tenemos que saber primero qué es el mundo y cómo funciona. Cuales son sus estructuras, las que determinan su funcionamiento. De la misma forma que para sanar a una persona hay que saber primero medicina, o para arreglar una avería hay que saber primero mecánica, etc…

Los comentarios están cerrados.